LA MONTAÑA: MATRIMONIO EN PAREJAS DEL MISMO SEXO

Por Oscar Loza Ochoa

¿Cuándo se podrá mirar al sol aunque nos ciegue?

 René Valdés

La intolerancia y el discurso de odio no pueden ser alimento de nuestro tiempo. Tampoco se vale legislar olvidando que la esencia del Estado mexicano es laica. Por eso no encuentro explicación, menos justificación a lo ocurrido en la sesión del Congreso de Sinaloa este martes pasado. Allí se trató la posibilidad de modificar los artículos 40, párrafo primero y 165, párrafo primero del Código Familiar del Estado de Sinaloa, con el fin de que la figura del matrimonio y concubinato se extendiera a parejas del mismo sexo. Contrario a lo que se esperaba, el pleno del Congreso en votación dividida, dijo no.

El marco de la sesión en que se resuelve el destino del dictamen sobre la iniciativa de reformas al Código Familiar, era tenso y lleno de presiones. Lo que no debe determinar el sentido del voto de ninguno de los diputados, pero al parecer sí influyó. Y al operarse ese inesperado giro durante el pleno, explicado por algunos analistas políticos como la habilidad de priístas para convencer a los indecisos legisladores morenistas, uno no deja de pensar en otros factores que debieron estar en el pensamiento de los legisladores que representan la llamada Cuarta Transformación.

Me refiero a la Resolución de la Primera Sala de la SCJN del 19 de junio de 2015: “La Ley de cualquier entidad federativa que, por un lado, considere que la finalidad de aquél es la procreación y/o que lo defina como el que se celebra entre un hombre y una mujer, es inconstitucional.” Y creo que es muy importante citar la jurisprudencia del Pleno de la SCJN, del 23 de septiembre de 2016: sobre la adopción, “El interés superior del menor se basa en la idoneidad de los adoptantes, dentro de la cual son irrelevantes el tipo de familia al que aquél será integrado, así como la orientación sexual o el estado civil de éstos.” Demasiado contundentes como para no ser observados en nuestra legislación.

Otro antecedente que los legisladores, al menos los de Morena y sus aliados, no pueden desprender de su conciencia y de su piel, son los compromisos de campaña de defender los derechos humanos de todos, sin exclusión. Y aquí hubo la traición a ese compromiso de una novena de morenistas y aliados. El único disculpado por su ausencia en la sesión es Ocadio García, que convalece de un problema de salud.

Ni la sentencia de la Corte, la clara tendencia internacional y los avances en las legislaturas locales de México, llevaron a nuestros legisladores a ganarse un lugar entre las soberanías estatales que están a la vanguardia en legislaciones que abren las puertas a la tolerancia, al respeto de la diversidad sexual, a la inclusión del arcoíris  de opiniones, razas, credos y militancias. El Congreso nos negó la oportunidad de ser mejores en materia de derechos humanos por ahora, esperemos que los recursos de inconstitucionalidad tengan mejor destino, si se va más adelante en ello.

Por creer que el comentario del maestro Jorge Luis Sánchez Gastélum en las redes sociales, es oportuno y válido sobre lo sucedido en el Congreso, lo cito: “La institución del matrimonio ha sobrevivido durante miles de años a la violencia doméstica (física, económica, sicológica, etc) el incesto, venta de hijos e hijas, infanticidio, parricidio y muchas otras lacras. Así que no va a sufrir ningún sobresalto porque dos personas del mismo sexo se quieran casar”. Crudo y doloroso, sin duda, pero profundamente lleno de realidad, donde la institución del matrimonio ha soportado infamias como las de Enrique VIII de Inglaterra o Leónidas Trujillo de la Dominicana.

El martes pasado en el Congreso parecía el conjuro de todas las iglesias de Sinaloa para detener un proyecto legislativo. Buscaron tener mayor presencia que la comunidad interesada en el matrimonio igualitario. Lo lograron. Pero no estoy seguro que ello abone para una mejor convivencia entre los diferentes estratos sociales de la entidad. Algunos valores fundamentales para el funcionamiento de las instituciones y de la paz social sufrieron raspones de consideración. La esencia del Estado laico quedó en entredicho con la promoción política de concepciones religiosas y con la inejecución de las sentencias de la SCJN. Y sólo puede sanar por nuevas resoluciones de la Corte a solicitud de quienes sufrieron el inexplicable descalabro legislativo.

Somos una sociedad compleja, pero no tan complicada como para no encontrar salidas a los diferentes problemas que tenemos. A pesar de los trastornos que nos hayan propinado la violencia y las consecuencias que trae aparejadas, somos una cultura que ha construido su edificio social sobre valores que le han permitido sobrevivir a sus propias limitaciones y elevarse con rostro propio en los campos de la economía, de la política, de respeto al medio ambiente y muchos otros. No será esta la ocasión en que muera un proyecto legislativo que nos acerca a una mejor convivencia. Si en el Congreso hay renuncias e inejecución de sentencias de la SCJN, que no falten diputados y activistas para continuar la lucha con los recursos legales que estén a mano. Vale.

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