LA MONTAÑA: SEQUÍA Y DESCENDIENTES DE COVID-19

OSCAR LOZA OCHOA PRINCIPALES

Por Oscar Loza Ochoa.

La tragedia de esta tierra amiga de la muerte.

Jean Meyer.

El día 15 pasado falleció Rogelio Alcaraz Villa. Rogelio fue un distinguido mazatleco avecindado en Culiacán desde niño. Nuestras vidas coincidieron en 1964 en las aulas de la Escuela Primaria Tipo de Culiacán, desde entonces transcurrirían de manera paralela en la vida académica, política y social, hasta este infausto día del maestro. Tres cosas nos acercaron mucho en aquellos años: su particular estilo de tocar el tambor en la banda de guerra escolar, sus veloces canillas en las pistas de los 100 metros planos y las ganas de seguir estudiando a pesar de la precariedad de nuestras familias, en él agravada por su orfandad temprana.

Sensible para el activismo social y político, fue fundador del Sindicato de Trabajadores Administrativos de la UAS y con el tiempo su Secretario General. Su formación ideológica era muy sólida y encuentra sus raíces en las aulas de la Escuela Normal Rural de Xalisco, Nayarit, en donde ambos cursamos la secundaria. Cuando el Gobierno Federal cerró 14 de las 29 escuelas de ese sistema de normales rurales, incluida la nuestra, Rogelio y Leobardo Romero (Eldoradense, QEPD también), fueron los más valientes y temerarios en la defensa de nuestro internado, con alto riesgo de sus vidas.

La vida nos volvió perseguidos políticos en varias ocasiones. En los tiempos de defensa de la autonomía de la UAS durante la administración de Toledo Corro, pero también en 1969 por reivindicar la reapertura de las normales clausuradas. La UAS nos recibió y dio la oportunidad de asistir a la Prepa Emiliano Zapata, en sus tiempos de popular y a la escuela de economía.

Campeón de los 100 metros planos en los juegos nacionales de normales rurales, seguiría dedicado al deporte de la velocidad de por vida. Con su buen humor y mucho respeto, siempre recordaba mis limitaciones en las pistas en carreras de medio fondo y en lanzamiento de disco. Pero tuve una hazaña que otros se negaron a vivirla: en unos juegos nacionales en Tepic se presentó Juanito Martínez, sí el gran corredor olímpico mexicano. Nadie quiso correr junto a él. Todos se engentaron. Yo era apenas un estudiante de secundaria y pedí que me pusieran el número en la espalda y corrí sin complejos junto a Juanito. Me sacó como dos vueltas y media en la pista, corríamos los 5 mil metros, pero salí en segundo lugar.

Rogelio tuvo una formación humanista a toda prueba, era de los que se quedaba sin comer si la persona que tenía enfrente manifestaba mayor necesidad que él. Y esa disposición lo llevó al riesgo en sus últimas semanas de vida. Se encontró con una persona extranjera que buscó refugio en Culiacán, ese ciudadano padecía de un cáncer avanzado. Y Rogelio le procuró atención médica y medicinas. Lo internó en un hospital y hasta allá iba todos los días para procurarle medicinas y alivio. El paciente adquirió el Covid-19 estando en el hospital y falleció. Rogelio también se contagió. Toda su fortaleza y ganas de vivir no fueron suficientes para ganar la batalla. Y murió como lo que fue siempre: un verdadero héroe. DEP.

La sequía es un gran problema para el país, pues el 85 por ciento de su superficie ha dejado de tener el verde que con tanto orgullo le cantó Ramón López Velarde. Particularmente para Sinaloa está resultando muy complicado atender a un creciente número de comunidades en las que el sistema de agua potable tiene agotadas sus reservas y las presas exhiben sus vasos áridos. Todos, autoridades y ciudadanos debemos hacer un esfuerzo porque la poca agua de que disponemos aún se administre de la manera más racional para que no haya familias sin el vital líquido y de ser posible para que sobrevivan los animales que nos alimentan. No desperdiciemos una sola gota de agua.

Faltan aún algunas largas semanas para que las lluvias se asomen por estos páramos, sin descartar alguna sorpresa anticipada que moje los mantos freáticos y los montes resecos donde moran muchas especies salvajes que también pueden morir de sed. Que Tlaloc y Coltzin se acuerden de los viejos y buenos tiempos en que hacían posible las grandes cosechas y la abundancia de sus pueblos.

El Covid-19 no descansa. Y ante el esfuerzo titánico que se hizo para disponer de vacunas en tiempo récord, también ha buscado responder con la novedad de al menos unas ocho variantes, como para reducir la efectividad de las vacunas logradas y desesperarnos más. A la variante inglesa, le siguieron una brasileña, otra sudafricana y algunas más. En medio del empeño de aplicar las vacunas a la velocidad que nos van llegando a Sinaloa, nos encontramos con la nueva de que por algún portillo del puerto de Mazatlán se han colado las variantes inglesa e india. Esta sorpresa que viene a movernos el tapete, luego de que las cuentas empezaban a salirnos mejor que en 2020, invita a que redoblemos las medidas que nos han permitido aliviar el número de contagios y de muertes por Covid-19. No bajemos la guardia. Cuidémonos mucho. Todas las vidas en acción somos la humanidad. Vale.

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