LA MONTAÑA: REALIDAD POST ELECTORAL Y COVID-19

OSCAR LOZA OCHOA PRINCIPALES

Por Oscar Loza Ochoa

Si aprendemos de la experiencia,

la historia no tiene porqué repetirse.

George Akerlof y Paul Romer

 

La Secretaría de Salud pidió reforzar la vigilancia sanitaria y suspender eventos masivos. Esta medida se anuncia después de terminada la campaña electoral y los eventos post campaña, pues los contagios que se esperaban luego de los actos masivos ya se están expresando en al menos seis entidades del país. Las autoridades sanitarias comentaron algunas cosas al arranque de la campaña, pero no tomaron vida activa durante la misma para opinar sobre las prácticas de todos los candidatos. Era más cómodo ver y no involucrarse, pero las consecuencias de dejar en manos de los partidos y sus candidatos las acciones masivas (sin sancionarse) tienen un costo que ya se está pagando.

Quintana Roo, Yucatán, Baja California Sur, Campeche, Veracruz y Sinaloa, son los estados en los que se registra un repunte del Covid-19. Los expertos hablan de dos causas: el turismo y las concentraciones que implicó el proceso electoral. El repunte se da en al menos un 8 por ciento y hasta en más del 24 por ciento para las penínsulas de Yucatán y Baja California. Del 24 de mayo al 6 de junio, 16 estados seguían en semáforo verde, 15 en amarillo y uno en naranja. En la última semana se nos vino el mundo encima con los números señalados. ¿Cuántas semanas más nos costará recuperarnos y volver al color esmeralda?

Hace algunas semanas varias instituciones educativas regresaron a las clases presenciales, sin ocupar la totalidad de sus asientos en las aulas, pero llenando de vida y discreto optimismo sus espacios. Pero el coronavirus visitó al menos a dos instituciones en la frágil humanidad de algunos pequeños. Y se tomó la correcta decisión de suspender las actividades. La incertidumbre también regresa a los hogares, a quienes forman el sistema educativo y a la calle: había tanta esperanza en un regreso definitivo para el próximo ciclo escolar.

Mantener la guardia en alto, nos dicen. Y hay mucha razón en ello, pues hasta el lunes pasado apenas teníamos 26 millones 400 mil compatriotas con al menos una dosis de la vacuna (de 127 millones de la población total). Y como hemos sido laxos en las medidas a tomar con los turistas extranjeros que llegan al país y no dejan de aparecer nuevas variantes del Covid-19, el riesgo de un repunte mayor está dentro de las probabilidades en el horizonte próximo. Al repuntar los indicadores nos recuerdan que los contagios en México son mayores a los 2 millones 400 mil y que la cifra de víctimas mortales es mayor a 230 mil 185 personas.

La Organización Panamericana de la Salud (OPS), ve con preocupación que los contagios crecen ahora en México, Brasil, Cuba, República Dominicana, Guatemala, Panamá, Colombia, Bolivia, Chile y Uruguay. Y está llamando a endurecer las medidas de salud en los lugares que representan focos de contagios. Las medidas recomendadas son el uso de cubrebocas, mantener distanciamiento físico entre personas y evitar aglomeraciones en espacios interiores. Nada que no podamos cumplir. Y habrá que tomar en serio la propuesta pues de 600 millones de habitantes de América Latina, apenas uno de cada 10 está vacunado.

Hace unos años el periodista Marcos Vizcarra definió con mucha sensibilidad: «Tarámaris, el pueblo que no existe». Y hurgando en el perfil de esa colectividad nos compartió que «viven en la entraña de la Sierra Madre Occidental, algunos en cuevas, otros en chozas de adobe. Son hombres y mujeres con un origen incierto y un presente en el abandono». Y en ese doloroso presente sobrevive don Manuel López Vázquez, un sufrido miembro de esa comunidad. Padece una avanzada lepra con poder de contagio, con un tratamiento que se interrumpió cuando las llamadas Caravanas de la Salud ya no subieron a la sierra desde antes de que iniciara la pandemia. Está postrado en su choza de El Talayote, Sinaloa municipio, en espera de que la Secretaría de Salud le extienda la mano. Ojalá no tarde mucho más.

Entre los retos del gobierno estatal que viene está el de una nueva concepción sobre el trato y aprovechamiento de la sierra y de las zonas donde se ubican las culturas originarias en Sinaloa. La violencia y el abandono oficial han llevado a la marginación y a la exclusión social de las comunidades indígenas y mestizas que allí habitan. Debe buscarse un desarrollo sustentable y el arraigo de la población que históricamente ha hecho vida y enriquecido la cultura regional con los usos y costumbres y la antiquísima relación de respeto con su medio ambiente.

Reiteramos de nuevo que México sigue viviendo una crisis humanitaria. Reconociendo las aportaciones que el Gobierno de Andrés Manuel ha hecho en materia de apoyo a las comunidades marginadas, a los adultos mayores, a los jóvenes que asisten a la escuela, en el campo de la salud y otros renglones; todo ello no ha podido conjurar lo que llamamos crisis humanitaria: homicidios, desplazamientos internos y desaparición forzada de personas. Todos estos renglones tienen un horrible vértice: la violencia. El mismo proceso electoral reciente padeció el acoso de acciones antisociales y violentas. Ni duda cabe que para el gobierno del maestro Rubén Rocha Moya se abre un gran reto en materia de seguridad ciudadana. Si se quiere un nuevo Sinaloa, no se pueden repetir las fracasadas fórmulas de siempre. Hay que abrir nuevos horizontes en políticas públicas. Vale.

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