LA MONTAÑA: PANDEMIA Y ECONOMÍA 2021

OSCAR LOZA OCHOA PRINCIPALES

Por Oscar Loza Ochoa.

La costra del desánimo se nos fue cayendo, recuperamos la vocación de hacer proyectos, de imaginar un después.

Mario Benedetti.

Los periodistas de Sinaloa vivimos en el peor lugar para ejercer el periodismo independiente y comprometido. Muchos lo han pagado con su vida. ―Dice el respetado veterano caricaturista de El Noroeste Gilberto Ceceña. El miércoles pasado no nos desayunamos con su habitual humor a través de los monos, pues ante una nueva amenaza prefirió el texto para denunciar el hecho. Nuestra más comprometida solidaridad con su persona y su derecho a la libertad de expresión. La Comisión de Defensa de los Derechos Humanos en Sinaloa, ya abrió expediente en su protocolo de protección a periodistas para darle seguimiento a ese lamentable hecho que nos ofende a todos.

Llama la atención una encuesta publicada en La Jornada el pasado 9 de enero, en la que el 58 por ciento de los ciudadanos expresan que ven con optimismo y ánimo este 2021. Eso habla de que hay carácter de nuestros connacionales para enfrentar la madeja de problemas que encierran la pandemia, la recesión económica que esperamos empiece a ceder y la inseguridad que no deja la andadura con la que trotó a lo largo del último lustro. Esa moral alta se manifiesta en medio de noticias que sacuden el piso donde estamos parados y le imprime un plus de valor, pues el Congreso de la Unión cancela el periodo extraordinario que había acordado para el día 15, ante el rebrote del Covid-19. Hay alto riesgo de contagio y la prudencia no está demás.

En tanto no deja uno de observar con preocupación otras prácticas de políticos que privilegian la manifestación de sus inquietudes (muy legítimas), pero sin observar las medidas recomendadas por la autoridad sanitaria. En el marco del Día de Reyes, Guillermo “el Químico Benítez, presidente Municipal de Mazatlán, las diputadas Victoria Sánchez y Merary Villegas y el diputado Fernando Mascareño, convocaron a una reunión social en la Isla de Orabá en Culiacán, a la que asistieron alrededor de 300 personas entre adultos y menores, de acuerdo a los medios de comunicación. En reuniones de ese tamaño cualquier providencia que se tome no elimina los riesgos de contagio. La Secretaría de Salud y el INE debieran pautar la dimensión y el comportamiento social de esas concentraiones, para no tentar a los demonios del Covid-19.

Vemos una preocupante calma del gobierno del estado y de los ayuntamientos ante la situación de las familias que inician el año 2021 sin empleo, sin ingresos o con bajos ingresos y mil dificultades (en su caso) para sacar adelante sus micros, pequeñas y medianas empresas. En el mejor de los casos, si la economía nacional creciera entre el 3.3 y 5.3 por ciento que pronostica el Banco de México, los recursos que se generen no serán suficientes para enfrentar los principales retos de la pandemia, contando en que no habrá rebrotes del coronavirus ni las temidas incursiones de las dos variantes del Covid-19 identificadas hasta hoy. El principal problema sigue siendo el no morir de hambre ni morir de coronavirus.

Es urgente cambiar la política sanitaria dicen los españoles y claman los profesionales de la salud y millones de ciudadanos de muchos países. No les falta razón, pues la pandemia ha puesto en evidencia las carencias de los distintos sistemas de salud. Y es que desde antes de la crisis sanitaria la situación de la atención primaria y la salud pública no andaban en buen caballo. Ahora el trabajo se centra en el combate al Covid-19, sin que por ello deje de tener importancia el campo no Covid. Pero no se puede negar el descomedimiento que ha sufrido con ello la atención primaria y lo que la acompaña. Bien haría el Estado mexicano y la autoridad de salud en retomar lineamientos internacionales para darle el oxígeno que reclama nuestro sistema de salud pública. Ojalá se haga antes de que llegue un nuevo susto sanitario.

De última hora recibo una llamada telefónica del doctor Sergio Loza, director del Hospital General de Los Mochis, la emoción desbordó sus palabras y seguramente gesticulaba con el mismo ánimo para ser más contundente. Todo el día lunes estuvo esperando la llegada del avión militar que traería la vacuna contra el Covid-19 y hasta en la madrugada del martes aterrizó con la preciosa carga. Durante la espera en el hangar reinó un ambiente festivo que todos los médicos presentes no vivían desde antes del bicho que un 28 de febrero se asomó por Culiacán.

El arribo de la vacuna borró la adustez de sus rostros y les pintó una sonrisa y dio brillo a sus miradas. Se jugaron bromas. Pero la llegada de la nave de la Fuerza Aérea llenó de solemnidad el momento y cuando el capitán baja sin perder el estilo marcial y frente a todos los presentes dice: ―Compatriotas, traigo la vacuna de la esperanza. ―La emoción ganó el rostro de todos, sin que faltaran las lágrimas. La tensión y los desvelos de más de 300 días encontraban la salida entre gotitas de agua salada y uno que otro puchero del Secretario de salud y el personal médico que lo acompañaba. Yo también me emocioné con el relato del doctor Loza, porque en ello va la esperanza de vida de tres millones de sinaloenses. Enhorabuena. Vale.

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