LA MONTAÑA: NUEVA NORMALIDAD, ¿QUÉ EXIGE?

OSCAR LOZA OCHOA PRINCIPALES

Por Oscar Loza Ochoa.

Un virus quitó de nuestras manos algo muy preciado:

la idea del futuro bajo control.

Sergio Ramírez.

—En cuanto salgamos del aislamiento al que obliga el Sars Cov-2, estará plantado en el umbral de nuestras puertas el monstruo de la recesión. —Bien lo ha dicho el veterano periodista Alejandro Sicairos. No hemos esperado mucho para ver algunas reacciones del comercio establecido, de vendedores ambulantes, de músicos y de locatarios del Mercado Garmendia. Estos últimos se manifestaron apenas el martes 2 del presente frente a Palacio Municipal y pretendieron abrir a la circulación vehicular las calles Juárez y Buelna a la altura de la avenida Obregón, para facilitar la llegada de automovilistas y potenciales compradores.

Nuestro semáforo ligado a la evolución del coronavirus está en rojo (el número de contagios del lunes 1 fue de 81 y del martes 2 de 122 en Sinaloa) y aconseja mucha cautela en la apertura gradual anunciada semanas antes de concluir mayo y las medidas de sana distancia para estos días. Dos acciones desafortunadas del gobierno estatal y algunos rumores alimentan las inquietudes de quienes no han tenido ingresos desde hace poco más de dos meses: se permitió la apertura de expendios de cerveza y los otros departamentos de las cadenas de supermercados, mientras se habla de franquear las puertas de los hoteles. No les falta razón a quienes se han manifestado, al preguntar ¿y por qué nosotros no?

Otros errores más se han cometido en el estado y los municipios. No hubo ningún esfuerzo por elaborar un padrón de personas en situación de desempleadas y sin ingresos. Sí se han distribuido despensas, pero nada asegura que llegaron al destino correcto, pues la autoridad estatal dice que tomó información del Coneval, donde no están contempladas las personas que la crisis del Civid-19 mandó al desempleo. ¿Y los municipios, cómo distribuyeron esos apoyos? En el mejor de los casos fue a como Dios les dio a entender.

El miércoles 3, locatarios del Mercado Garmendia y comerciantes del centro volvieron a la calle y marcharon hasta el Palacio de Gobierno. Bajo la consigna de ¡Queremos trabajar! Declaran: “el martes llevamos un pliego petitorio al Ayuntamiento, pero no se dignaron en atendernos”. También plantearon: “nos urge abrir los locales, porque estamos sin trabajar desde el mes de marzo, colaboramos con lo que nos pidieron, pero esto ya se prolongó demasiado”. En Palacio de Gobierno los escucharon y se constituyó una comisión conjunta para tratar el asunto con el Ayuntamiento de Culiacán. Nada nuevo bajo el sol.

Mientras siguen preocupando varias cosas. Se dan pasos hacia la llamada nueva normalidad cuando seguimos acumulando cifras preocupantes de contagiados y muertes por coronavirus. Luego de rebasar los 100 mil tocados por el Covid-19 y los 10 mil que fallecieron y con una economía en alto grado de anemia desde hace décadas, donde todos los sectores productivos desesperan por el regreso al trabajo, hay medidas para reiniciar la vida económica. Como no aprendimos las lecciones de la crisis, el regreso entraña muchos y serios riesgos.

Hay cosas que ni el Gobierno ni el Congreso de la Unión y menos la sociedad deben pasar por alto. Me refiero a la fuga de capitales, pues por los datos que se disponen hasta abril (Banxico no ha publicado lo del mes de mayo) han salido del país 206 mil 743millones de pesos, que estaban invertidos en bonos del Gobierno mexicano. Ese monto equivale a 8 mil 643 millones de dólares al tipo de cambio de 23.92 pesos por dólar. No puede quedar sólo en el registro del hecho. ¿Qué hacer? Al menos eso deben preguntarse diputados y senadores. Ante la caída de nuestro PIB estimada en 5.8 por ciento este año y del 3.8 por ciento de EU, los capitales se refugian en los bonos del tesoro norteamericano.

Entre las preocupaciones que ya calan es esa campaña de grupos conservadores contra todo esfuerzo que se haga desde el gobierno en materia de salud o económica. Defiendo la libertad de expresión, incluso si cae en la exageración, pero no se puede aplaudir la falta de respeto para las víctimas de la pandemia, pues una obligación de todos, sin importar posición o intereses, es contribuir a la solución definitiva de la crisis del Covid-19. Salvar vidas apoyando las medidas preventivas es la mejor aportación. Promover el fracaso del gobierno en este esfuerzo queriendo imponer intereses de minorías, es contribuir a una tragedia nacional. Las noticias falsas no llevan otra intención.

Dos fenómenos más no deben olvidarse: en el plan de recuperación de la economía el papel que juegan los bancos tiene que tratarse muy en serio por el Congreso de la Unión, pues los recursos que hasta hoy se han mencionado para enfrentar tanto la crisis sanitaria como la económica son con los que cuenta el Estado. Y todos sabemos sus limitaciones en porcentaje respecto al PIB. En la alternativa de solución se requieren fondos para todas la pequeñas y medianas empresas y para los desempleados. Los bancos no pueden quedar al margen de ello. El otro problema es el de la seguridad. Algo pasa en esta materia que no ha permitido un avance que indique que la nueva administración federal contribuye a su solución. Al menos se observa una ausencia de confianza hacia los civiles en este campo, a pesar de que la apuesta por la militarización de la seguridad pública nos ha demostrado repetidamente un rotundo fracaso. La seguridad, es una deuda que debe saldarse ya, para emprender con toda la fuerza la solución hacia las crisis sanitaria y económica. Vale.

www.oscarloza.com

oscarloza.ochoa@hotmail.com

Twitter @Oscar_Loza