LA MONTAÑA: LAS FACTURAS QUE NOS DEJA EL COVID-19

OSCAR LOZA OCHOA PRINCIPALES

Por Oscar Loza Ochoa

Yo creo que todos nosotros podemos más de lo que creemos,

cada vez lo tengo más claro.

José Saramago

La pandemia obligó al cierre de escuelas y profundizó los tropiezos del aprendizaje. En los días previos a las andanzas del Covid-19, la UNESCO sacaba cuentas alegres en materia de educación elemental, pues contando con 483 millones de niños que sufren serias deficiencias en lectura, se tenía la firme esperanza que en el 2020 esa cifra disminuyera a 460 millones de almas sin el dominio del arte de leer. No se pudo alcanzar esa modesta meta. La pandemia nos obligó al confinamiento, a cerrar aulas y a experimentar con la educación a distancia.

Las experiencias en este terreno eran mínimas, sobre todo en los países pobres. Y nos tocó enfrentar la educación a distancia sin la formación y capacitación suficiente del personal académico, con la ausencia de un plan educativo que respondiera a una situación como esta y sin la tecnología mínima necesaria para cumplir la tarea educativa: computadoras, tabletas o teléfonos receptores en manos de muchos niños, así como la cobertura deficiente del servicio de internet en amplias zonas urbanas y su ausencia completa en las zonas rurales del país, pues no se oferta el servicio donde no es rentable para las compañías.

Y por todas esas razones y otras muchas de no poca importancia, en lugar de disminuir el número de los niños que no se llevan bien con las letras, este creció en otros 100 millones de infantes para quienes empalmar vocales y consonantes, con el fin de darle cuerpo a una palabra y sentido a un pensamiento, será una tarea poco menos que imposible realizar. Hoy tenemos 584 millones de escolares con ese problema; lo que se logró en 20 años de esfuerzo, quedó anulado.

El pasado 29 de marzo, la UNESCO realizó una reunión en la que participaron 85 ministros de educación, en tres mesas de análisis. La directora de la institución Audrey Azoulay, destacó tres grandes verdades: la escuela es insustituible (lo corrobora la pandemia), necesitamos sistemas escolares resistentes e innovadores para hacer frente a las crisis y que ninguna pantalla puede sustituir a un profesor. La protección del docente es esencial dijeron, pero una encuesta arroja que solo 17 de 149 países priorizan a los maestros en la primera fase de vacunación. Otros 20 consideración a los profesores como grupo prioritario en la segunda fase de vacunación. Por otra parte, hay 56 países en los cuales no existe prioridad para los docentes en los planes nacionales de vacunación.

En las mesas de trabajo estuvieron presentes estas resoluciones: necesidad de que las escuelas sean más resistentes y flexibles, planes de vacunación e inversiones en salud mental. Mitigar el abandono escolar: importancia de la equidad y encuentro de fórmulas de financiación para llegar a los más rezagados. Y la importancia de la formación y el desarrollo profesional de los profesores, con el compromiso social de promover el empleo de los jóvenes. Antonio Guterres, secretario general de la ONU, terminó haciendo un llamado: “utilizar la recuperación para reducir las brechas educativas, ampliar la conectividad digital y reimaginar la educación.”

En México iniciará la vacunación de los docentes y se habla del regreso a las aulas quizá antes de que concluya el ciclo escolar. El planteamiento mueve el tapete a muchos. El SNTE plantea que el regreso deberá ser cuando marque verde el semáforo de la pandemia, el gobierno federal habla que se puede regresar luego de la aplicación de la vacuna. Pero en medio de la polémica está la actitud permisiva de autorizar la apertura de playas y centros de recreo en esta semana santa, lo que puede complicar severamente la situación de contagios. Soñamos con acercarnos a la vieja normalidad, pero seguimos tentando al diablo.

Los otros males de la pandemia. Recibimos la siguiente queja en la CDDHS: el pasado 27 de marzo el sinaloense Ulises viajaba junto a otros jornaleros en una camioneta a la altura del punto llamado La Nariz, en Sonoyta, cuando fue herido con arma de fuego por elementos del Ejército Mexicano. Ulises llevaba un magro lonche y muchas ganas de pasar de “mojado” para trabajar en Arizona, como lo hacen tantos migrantes en la frontera, porque son tolerados en época de hortalizas. Era su primer día de trabajo. Elementos del instituto armado perseguían a otra camioneta y al disparar hirieron a quien era ajeno a esos hechos.

Sushero de vocación, Ulises emprendió la aventura de migrar junto a su esposa e hija, con el fin de procurarles mejor vida. Hoy se encuentra hospitalizado en San Luis Río Colorado y acusado de portar un arma de fuego. Aún ignora quien será su defensor en un juicio que se impondrá para justificar un mal proceder de la autoridad, que de víctima lo convierte en probable responsable de un delito. Tiene dos certezas, tan claras como graves: la impagable cuenta del hospital y un proceso penal abierto. Esa fue la bienvenida que le dio el sueño americano el primer día de aventura y sin pisar suelo extranjero. Dispone de testigos, pero la familia tiene serias dudas sobre el peso que tendrán en el juicio. Ulises es un pobre sushero sin empleo, migrante y con una familia que no sabe qué comerá mañana. La Fiscalía General de la República está emplazada a realizar un verdadero trabajo de procuración, al margen del poder de la institución acusadora. Vale.

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