LA MONTAÑA: LA DEUDA NO PUEDE SER DOGAL O CADALSO DE LA NACIÓN

OSCAR LOZA OCHOA PRINCIPALES

Por Oscar Loza Ochoa.

Ninguna otra recesión en la historia moderna

ha golpeado tanto a los más vulnerables de la sociedad.

Heather Long y otros/ Citados por Martin Hart

Europa enciende alarmas y acude al toque de queda por rebrote de Covid-19. Vuelve la incertidumbre a Inglaterra, Alemania, Francia, Italia y España, entre otros países. Las bolsas de valores son el fiel termómetro del clima sanitario, social y político que se vive en esas coordenadas geográficas. Esta semana arrancó con una caída del 2.6% en la bolsa de Londres, mientras la de Fráncfort perdía el 4.2%, la de París un 3.4%, la de Madrid el 2.6% y la de Milán el 4%.

La segunda oleada del coronavirus es recibida de manera muy distinta a la primera. La disposición de la población en un primer momento fue de atender con sensibilidad las medidas planteadas, hubo sus excepciones, pero la respuesta positiva fue alta. Los estados contaban con más recursos y las promesas que se hicieron ante la profundización de la pandemia sonaban a seguridad financiera ante los embates del Covid-19. Europa habló de aplicar 750 mil millones de euros para apuntalar sus economías. Ahora, cuando el coronavirus vuelve sus siniestros pasos sobre una devastada Europa, se habla más de medidas de confinamiento y restricción de actividades sociales que de disposición de recursos para enfrentar las calamidades que profundizará la pandemia.

Gobiernos y Bancos Centrales fueron optimistas en aquellos días y garantizaron apoyo masivo para ponerle frenos a la recesión, ahora es la incertidumbre lo que domina el horizonte, y la mejor lectura sobre ello la hacen las bolsas de valores, pues se hunden ante ese terreno tan pantanoso. Alemania cerrará restaurantes, centros culturales y de entretenimiento durante noviembre y dice disponer de 10 mil millones de euros (11 mil 500 millones de dólares) para apoyos; Francia valora la posibilidad de otro confinamiento durante noviembre; Italia por su cuenta, vive la peor recesión desde la II Guerra Mundial y sus calles y plazas públicas son el escenario de amplias movilizaciones sociales, donde no han faltado choques violentos con la autoridad y saqueos de comercios.

En México llama la atención lo que está sucediendo en Chihuahua y en algunos otros estados. El número de contagiados se incrementa, aunque no se disparen aparentemente los decesos. La situación de los Estados Unidos (con hospitales saturados en algunos estados) no deja de influir en la nuestra. Y el regreso de nuestros connacionales en la próxima temporada navideña nos invita a desplegar medidas que, respetando irrestrictamente sus derechos humanos, también pongan diques a posibles contagios (riesgos de importar o contraer aquí).

El presidente López Obrador ha reiterado esta semana que no se endurecerán las políticas públicas que convocan a los ciudadanos a cuidarse y a cuidar a los demás. No coincide con las medidas que han tomado los gobiernos europeos. Dice que los connacionales no son menores de edad y que confía en el buen criterio de todos. Esperemos que esta medida dé buenos resultados.

La deuda pública no puede ser ni soga para ahorcar ni cadalso ni picota para México. Esa deuda es un recurso del que se echó mano por diferentes gobiernos para resolver emergencias del país, los apuros (no siempre legítimos) de algunas administraciones y rescates de banqueros y constructores de carreteras, tan cuestionables desde el punto de vista legal, de su legitimidad y de su perfil moral.

Nuestro horizonte está pautado por todas las consecuencias que la pandemia implica, incluida la posibilidad de una segunda ola y por la crisis económica que bien puede prologarse al menos otros tres años más. En estos días el Congreso de la Unión debe analizar la iniciativa de Presupuesto Federal para 2021. El renglón del servicio de la deuda pública ocupa un amplio espacio en dicho presupuesto, tan dilatado que su pago implicará de nuevo el doble de lo que se invierte en todos los programas sociales. El debate sobre el presupuesto no puede soslayar el problema de la deuda, pues qué haremos sin recursos suficientes si a finales del otoño o en invierno tenemos un repunte del Covid-19 y si la recuperación se ralentiza más de lo previsto. Los diputados y senadores no pueden guardar silencio o evadir el tema, sería una grave falta a sus deberes como representantes populares.

Descanse en paz doña Carmen Treviño de Gurría, señora culta y justa, que ayudara a Cuba en la suspensión temporal de pagos de su deuda con México. Cuando José Ángel, su hijo, entonces Secretario de Hacienda, haría un viaje a La Habana para cobrar facturas petroleras atrasadas, doña Carmen le dijo que ese era el peor momento para Cuba (luego de la caída de la URSS), que aplazara el cobro y que le saludara a Fidel. José Ángel atendió el ruego de su madre. El comandante no quiso quedarse con las dudas acerca de la dama que le hizo tan alto servicio a la patria de José Martí. Poco después doña Carmen dejó su casa de Culiacán para visitar Cuba en calidad de invitada especial. Su anfitrión sería Fidel.

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