LA MONTAÑA: ENSEÑANZAS POLÍTICAS DEL COVID-19

OSCAR LOZA OCHOA PRINCIPALES

Por Oscar Loza Ochoa.

Hoy se dice que la pandemia actúa como un revelador,

incluso como un acelerador, de procesos preexistentes.

Uno de ellos es el crecimiento de las desigualdades.

Marcello Musto.

La pandemia propone agenda en el proceso electoral. Pero muchos de los candidatos se muestran remisos ante esa orden del día que la crisis múltiple que padecemos nos pone sobre la mesa. Hoy, como en pocas coyunturas electorales de la historia, nuestra situación exige más calidad y vocación de los pretensos a ocupar responsabilidades públicas. Lamentablemente muchos de los perfiles no se corresponden con las exigencias del momento o los intereses apuntan arco y fecha hacia lo que consideran pueden redituarles ganancias en votos, aunque no aporten ideas y propuestas para enfrentar la situación presente.

Hay familias que están padeciendo hambre o al menos apuros económicos que al arranque de la pandemia desconocían. Y junto a la escasez de todo hay que sumar las angustias que provoca la ausencia de salud. Los candidatos que han tocado puertas en las colonias populares se habrán dado cuenta de esto que aquí relatamos. Los hogares donde reina la miseria huelen a tragedia, eso hasta un bandido de siete suelas como Lucky Luciano lo registra en sus memorias, al volver a Lercara Friddi su tierra de origen, en la sufrida Sicilia. Espero que la sensibilidad y el olfato de los candidatos no se quede atrás en esta materia. De no ser así lo lamentaremos todos.

Visitar Altata es encontrarse con amigos y familia, pero desde hace meses es imponerse de los golpes que repartió en esa villa pesquera y turística la inevitable pandemia y la profundización de la crisis económica. La fluidez de los turistas locales ya no es la misma, las bandas y conjuntos de músicos se han ausentado y hay nuevas historias que hablan de desamparo y exclusión social. Doña Delia, propietaria de un pequeño restaurante, nos cuenta de una pareja que vanamente intenta todos los días vender algo de su mercancía para alimentarse y alimentar al pequeño hijo que los acompaña. A veces lo consiguen.

Esos tres seres humanos no son lugareños ni tienen techo donde pasar las noches. Hay un Oxxo que despliega un amplio paraguas de playa al frente, allí se refugia del sereno esta desamparada familia y, en un gesto que todos debemos agradecer, la empresa no retira ese provisional techo por las noches. ¿Qué pasará con esta y otras familias que buscan ganarse la vida en Altata y otros lugares en las condiciones descritas? No faltan buenas personas entre los marisqueros que les echan una mano a estos ciudadanos que viven tan precariamente, pero a la larga no puede ser la solución. Más allá de esa elemental solidaridad, ¿qué hace la autoridad y a qué se comprometen los que hoy enamoran a los electores para obtener su voto?

Por lo pronto les reiteramos, por aquello de que nos digan que ya lo saben y que no necesitan de consejos ni bules para nadar, la salud y los alimentos es una prioridad que la pandemia y la crisis económica ha vuelto imprescindibles. Hay muchas familias que hoy no tienen ingresos o estos son insuficientes para sus necesidades elementales. No podemos fallarles.

Y como nunca terminamos de aprender a pesar del alto costo de los incumplimientos, los riesgos que hoy corremos por las concentraciones humanas en centros vacacionales y las que generan las campañas electorales, nos obligan a voltear hacia la milenaria India, que hoy vive los días más preocupantes de la pandemia, registrando cifras récord en contagios y muertes. El miércoles 28 registró oficialmente 362 mil 567 personas contagiadas y más de 200 mil muertes por Covid-19, lo que llevó a incineraciones masivas a cielo abierto, pues funerarias y panteones se vieron rebasados en pocas horas.

¿Qué llevó hasta el borde del abismo a la India? Después de las severas medidas (draconianas se les llamó) de confinamiento, la primera ola de contagios fue superada sin graves costos en defunciones, lamentando, eso sí, una caída vertical del PIB de 2020; situación que golpeó profundamente los niveles de vida, de empleo y de crecimiento económico. Buscando la recuperación de su lastimada economía, la autoridad hindú relajó la vida pública y toleró hacinamiento y multitudes, lo que se convirtió en pasto seco ante el avance de un tremendo incendio y con vientos que alimentan el fuego.

No es lo único que determinó esa situación: allí están al menos cuatro de las variantes del Covid-19 más contagiosas y letales, incluida la local; también contribuye la lenta vacunación en el universo de mil 300 millones de habitantes. Aproximándose a Dante, el destacado doctor hindú Shuchin Bajaj, describe el entorno: “Es como un infierno. El virus quema todo lo que toca”. Y los errores de jefes políticos y religiosos han contribuido al relajamiento de medidas preventivas, pues han promovido concentraciones y desdeñado los riesgos. Ahora la India y el mundo estamos consternados. Y en los 15 estados de México donde hay procesos electorales, estamos con el Jesús en la boca, rogando porque haya prudencia y sensatez en todos los candidatos. Las grandes concentraciones de ciudadanos pueden promover votos, pero también los contagios masivos y contribuir a una no deseada nueva ola de coronavirus. Vale.

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