LA MONTAÑA: DELITOS Y HOMENAJE A JAVIER VALDEZ EN PANDEMIA

Por Oscar Loza Ochoa.

El neoliberalismo no muere sin matar,

pero cuanto más mata más muere.

Boaventura de Souza

Un busto para Javier Valdez. Este sábado 15, a cuatro años de su inmolación una placa y un torso con su rostro esculpido en bronce ocuparán un espacio en la parte sur de la Plazuela Obregón, en el costado izquierdo de la Catedral, justo frente a la puerta lateral sur de la iglesia cuya construcción comenzara don Lázaro de la Garza y que en su remate triangular superior nos recuerda los afanes del obispo Pedro Loza por continuar la edificación de ese monumento histórico.

El humor de Javier era tan ácido como el del maestro Raúl Cervantes, por eso estamos seguros que de haber sabido en vida que tendría un pedestal y sobre éste un busto embadurnado de reluciente pátina, una sonora carcajada hubiera acompañado a la información y terminaría concluyendo igual que el pionero del derecho marítimo cuando develaron su busto en El Amole, su tierra natal: “De ahora en adelante –dijo- los pájaros vendrán a cagarse en mi cabeza.”

En este cuarto aniversario luctuoso no podemos menos que expresar que, como en muchos de los casos de periodistas que han perdido la vida al ejercer su derecho a la libertad de expresión, la justicia que se arrimó a su caso ni es plena y no deja de vestirse de dudas y con momentos de desmayo y desesperanza, pues a cuatro años de la pérdida de Javier el juicio que encierra su causa no ha concluido y a veces pareciera que de hacerlo la resolución sería tan dolorosa como aquél mediodía del 15 de mayo de 2017.

A la ceremonia de develación del busto vendrán personajes de la Oficina del Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos en México, Artículo 19, Jan Albert de CPJ institución protectora de periodistas, Periodistas Sin Fronteras, entre muchos otros. Y esperamos que el espacio se vuelva pequeño ante la asistencia de pepenadores, de madres con hijos desaparecidos, de vendedores ambulantes, de tiangueros, de boleros, de habitantes pobres de la periferia, de gente del pueblo, pues. Por lo demás dos cosas nos quedan claras ahora: “Cada periodista que matan, es una voz menos del pueblo”, como lo dijo Javier ante la sentida caída de Miroslava Breach. Y que la Fiscalía y el Tribunal pueden fallarle al pueblo, pero este ya dio su veredicto definitivo, condenando moralmente a los autores intelectuales y materiales.

Las desapariciones forzadas de las últimas semanas llaman poderosamente la atención, por su número y por los “detalles” que las acompañan. Las investigaciones de medios de comunicación dicen, en uno de los casos que cada 8 horas desaparece una persona en Sinaloa y en otro que cada 6 horas con 40 minutos se registra la desaparición de un ciudadano. Demasiada carga emocional para una sociedad que harta de tantas injusticias dejó en firme su voluntad en las urnas en 2018: un cambio profundo en las condiciones en que vive el país.

Esos “detalles” son los anémicos alcances de las investigaciones de la Fiscalía Especializada en Desapariciones Forzadas y la pasmosa frecuencia de supuestas patrullas clonadas en la que se realizan detenciones de ciudadanos, que nunca son llevados ante la Barandilla de Policía y, sin más, desaparecen. Muchas cosas de estos casos reclaman una lógica y una elemental explicación. Imposible quedarnos con la postura oficial: son patrullas clonadas. No queremos bañar de dudas esa respuesta, pero como no es un caso, son demasiados y tan dolorosas las consecuencias que con todo el derecho del mundo le preguntamos a la autoridad, ¿y qué han hecho para detener a quienes delinquen de esa manera y en nombre de la Ley?

En días pasados acompañamos a madres cuyos hijos desaparecieron en días recientes. No sólo reclamaron la enfermiza lentitud con que marchan las carpetas de investigación y la actitud interesada de los agentes encargados de las mismas para disuadir a testigos en lugar de alentarlos a obsequiar sus testimonios. Los expedientes crecen, como en el caso del tribunal de la Isla de los Pingüinos de Anatole France, pero no apuntan hacia el objetivo que interesa. Cuando convergen los renglones de homicidios, desplazados y desaparecidos, no tenemos ninguna duda en hablar de una crisis humanitaria, misma que invita a exigir de la autoridad un cambio de estrategia en el combate a los mismos. De no hacerse, la herida se va profundizando sin remedio y en el momento menos pensado puede plantear las cosas en términos más graves.

La aplicación de vacunas a sectores cada vez más amplios tiende a crear una atmósfera de confianza en muchos ciudadanos y a permitirnos laxitudes en nuestros hábitos y costumbres que no debemos realizar. Ni los candidatos en la presente campaña han tenido todo el cuidado que las circunstancias reclaman. Europa ha mandado señales preocupantes y no se diga de Brasil y la India, donde los extremos de la pandemia nos hablan de que bajar la guardia es permitir que el Covid-19, con todas sus variantes, entren como Pedro por su casa y la curva de contagios vuelva a lo que fue en los meses más críticos del coronavirus. Cuidémonos mucho en todo momento. Ni morir de hambre, ni morir de virus. Vale.

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