LA DELGADA LÍNEA ENTRE LA CIENCIA, EL ESPECTÁCULO Y LA POLÍTICA EN MÉXICO

COLUMNA HUÉSPED PRINCIPALES

By Lucina Melesio. Periodista y colaboradora de diferentes medios como ‘Scientific American’ y ‘Al Jazeera’.

EEUU. 16 April 2020 (TheWashingtonPost).- El 14 de abril se cumplieron 46 noches del inicio de lo que coloquialmente la gente llama “la telenovela de las siete”, pero que es una conferencia oficial nombrada Informe Diario sobre Coronavirus COVID-19 en México, la cual se transmite a diario, en vivo, a las 7:00 pm.

A pesar de que en ella han aparecido secretarios de Estado como el de Relaciones Exteriores, Marcelo Ebrard, quienes han robado cámara son los funcionarios de cargos medios como la epidemióloga Ana Lucía de la Garza y el médico Alejandro Svarch Pérez.

Sin duda, la estrella es el subsecretario de Prevención y Promoción de la Salud, Hugo López-Gatell, un epidemiólogo con un currículum académico muy sólido y quien, antes de la llegada de la epidemia de coronavirus a México, estaba fuera de la mirada pública.

El informe que rinde a diario sobre la situación de la epidemia lo ha convertido en un símbolo de confianza hacia las autoridades para muchos mexicanos. También en un sex symbol. Los memes y stickers sobre él abundan y en algunos medios se habla de él como “la estrella de redes sociales”.

Es interesante que un informe oficial, plagado de gráficas y estadísticas sobre enfermedad y muerte, haya captado tanto interés y confianza hacia un funcionario en México.

Ante tanto reflector, y la presión mediática y política que este conlleva, la pregunta que surge es: ¿podrá López-Gatell mantener la independencia científica? Es, a final de cuentas, un funcionario público que el presidente Andrés Manuel López Obrador (AMLO) eligió como su vocero ante la epidemia, y el único que ha tenido semejante privilegio en la historia de este gobierno, pues el mandatario suele hablar por todos.

En Estados Unidos, el doctor Anthony Fauci, quien lidera los esfuerzos oficiales contra el coronavirus, se ha convertido también en una celebridad —se han hecho incluso donas con su rostro— pero, a la vez, en un contrapeso para las malas decisiones o declaraciones del presidente Donald Trump.

En cambio, López-Gatell dejó que AMLO alentara a la población a continuar con sus actividades rutinarias, y que dijera que somos “una población más resistente frente a esta epidemia que, está demostrado, afecta más a los adultos mayores” cuando las estadísticas del 13 de abril muestran que la letalidad del coronavirus en México es alarmante, con 5.1% para jóvenes mayores de 25 años, mientras en España era menor a 1.4% para el mismo grupo.

Más allá del atractivo físico —que, por ejemplo, el expresidente Enrique Peña Nieto también tenía— López-Gatell sí genera confianza porque tiene algo a lo que no estábamos acostumbrados en conferencias oficiales: datos, ciencia, paciencia, claridad comunicativa y rendición de cuentas, mezclado con una dosis de conciencia de género.

López-Gatell se expresa con eficiencia y procura sustentar su presentación con argumentos científicos. Suele contestar a todas las preguntas que hace un mismo reportero, y el respeto y la paciencia que muestra es quizá lo que le ha ganado corazones.

Ha mostrado humildad al corregir errores: cuando negó que en un hospital del estado de Coahuila hubiera un brote de contagios entre médicos, reconoció su error y se disculpó en la conferencia del día siguiente.

El éxito de la conferencia vespertina de López-Gatell contrasta con la otra conferencia oficial diaria: la de las 7:00 am de AMLO. En ella el presidente, en más de una ocasión, ha argumentado tener “otros datos” cuando reporteros le señalan información producida incluso por su propio gobierno. Hasta hace unos meses, 56% de lo que dijo en sus conferencias resultó ser falso o engañoso.

AMLO parece no tener una clara conciencia de género, evidenciado en su indiferencia ante el alarmante índice de feminicidios en México, mientras que el subsecretario se refiere a los reporteros en su conferencia como “compañeras”, porque la mayoría de quienes acuden son mujeres.

El presidente dijo que “México tiene millones de enfermeras” para atender el coronavirus, porque son las mujeres quienes cuidan de los adultos mayores en casa. Dos días después, López-Gatell dejó que dos funcionarias hablaran durante la mayor parte de la conferencia para alertar sobre un posible aumento de violencia familiar a causa de las medidas de distanciamiento social, de donde sugirieron medidas de protección.

Mientras AMLO justificó su criticada estrategia económica ante la crisis con tweets del Papa, López-Gatell defendió su estrategia epidemiológica de monitoreo centinela con argumentos técnicos cuestionables, pero legítimos.

Al subsecretario se le ha disculpado tardar casi siete semanas desde que el COVID-19 llegó al país para revelar que el número de casos estimados era por lo menos ocho veces mayor a los casos confirmados que se habían reportado a diario.

Incluso, una parte considerable de la opinión pública lo asimiló como un acto de transparencia y reafirmó la confianza en él, a pesar de que algunos medios llevaban semanas cuestionando que el número de contagios que reportaba no era representativo del escenario real.

La gente ha dejado pasar también el episodio en el que el subsecretario aseguró que el presidente no era “una fuerza de contagio, sino una fuerza moral”. El 12 de abril utilizó argumentos falaces, y que aparentaban ser científicos, para descalificar a quienes lo criticaron por su demora en revelar los casos estimados de contagio que arroja su modelo epidemiológico.

A pesar de haber señalado que el gobierno se está preparando desde hace más de tres meses para esta crisis, tampoco ha rendido cuentas sobre la falta de insumos para proteger a los médicos en los hospitales públicos, ni ha explicado por qué las autoridades tardaron tanto en reconvertir los hospitales para las oleadas masivas de enfermos, o en obtener los respiradores y demás equipo médico que se necesita para salvar vidas de pacientes.

Sin embargo, el ejercicio de rendición de cuentas que realiza a diario ha elevado el involucramiento y el nivel de la discusión pública, por lo que tiene la responsabilidad de mantenerlo como una fuente fidedigna de datos. Sería lamentable que esta conferencia, hasta ahora eficiente e inclusiva, se convierta en su contraparte matutina, un ejercicio aletargado lleno de “otros datos” y que parece más tragicomedia que telenovela entretenida.

Para superar la contingencia, el doctor López-Gatell tendrá que volverse más como un Fauci mexicano y armarse de valor para contradecir las políticas del presidente cuando sea necesario. Necesita tomar medidas urgentes para proteger a médicos y enfermeras de todo el país, además de asegurar la infraestructura hospitalaria que la pandemia demanda y que, por ahora, sigue sin estar lista. Tiene la popularidad para hacerlo, ¿tendrá el valor?