IDENTIDAD

COLUMNA HUÉSPED PRINCIPALES

Por Rubén Medina

Construyamos México

Sinaloa. 14 sept. 2020.-  Octavio Paz realizo un ensayo llamado Posdata, como prolongación de su libro El laberinto de la soledad; reflexión sobre lo que ha ocurrido en México, muestra una lectura crítica y autocritica; tentativa por descifrar la realidad, visión y revisión; no escribe sobre la filosofía de lo mexicano o búsqueda de nuestro pretendido ser. Puntualizo lo más relevante.

El mexicano no es una esencia sino historia, ni ontología ni psicología a mi me intrigaba no tanto el “carácter nacional” como lo que oculta ese carácter: aquello que está detrás de la máscara. Desde esta perspectiva es un escudo, por la otra un haz de signos, un jeroglífico. La muralla nos defiende de la mirada ajena a cambio de inmovilizarnos, estamos condenados a inventarnos una máscara y descubrir que es nuestro verdadero rostro. Me interesaba la crítica: una actividad que consiste en liberarnos y despliega una posibilidad a la acción.

El tema de México desemboca en la reflexión sobre la suerte de América Latina; somos un fragmento, parte de una historia más amplia, desde el dominio español y el fracaso de nuestra revolución de independencia, donde tendríamos que enfrentar un tema central, el problema del desarrollo. Las revoluciones contemporáneas en AL han sido y son respuesta a la insuficiencia del desarrollo y de ahí arrancan tanto su justificación histórica como sus fatales y obvias limitaciones.

Los modelos de desarrollo que hoy nos ofrecen el Este y el Oeste son compendios de horrores: ¿podemos nosotros inventar modelos más humanos y que correspondan a lo que somos? Los latinoamericanos somos los comensales no invitados que se han colado por la puerta de occidente, intrusos que han llegado a la función de la modernidad cuando las luces están a punto de apagarse, nacimos cuando ya era tarde en la historia. No obstante, desde el llamado modernismo de fines de siglo, en estas tierras hostiles al pensamiento han brotado, aquí y allá, dispersos, pero sin interrupción, poetas, prosistas y pintores que son los pares de los mejores en otras partes del mundo. Y ahora, – ¿seremos al fin capaces de pensar por nuestra cuenta? ¿podremos concebir un modelo de desarrollo que sea nuestra versión de la modernidad? ¿proyectar una sociedad que no esté fundada en la dominación de los otros? -.

El tema del desarrollo está íntimamente ligado al de nuestra identidad: ¿Quién, ¿qué y cómo somos? La pregunta sobre México es inseparable respecto al porvenir de AL y ésta a su vez, en su relación con los Estados Unidos. Desde hace más de un siglo ese país se presenta ante nuestros ojos como una realidad gigantesca pero apenas humana. Ni nos oyen ni nos miran: si escuchan se abre la posibilidad de la convivencia; por razón de sus orígenes (el puritano habla con Dios y consigo mismo, no con los otros); la conversación no es su fuerte: no saben escuchar ni replicar.

Los últimos años hemos presenciado ciertos acontecimientos que, quizá prefiguran un cambio de actitud. Si América Latina vive un periodo de revueltas y transformaciones, los Estados Unidos atraviesan por otro no menos violento y profundo, la rebelión de los negros y los chicanos, la de los jóvenes y las mujeres, artistas e intelectuales. Cierto, tanto por las causas que los originan como por las ideas que los inspiran, esos movimientos son distintos a los que conmueven a nuestros países; en ellos, se despliega una capacidad de crítica y de autocrítica que sería vano buscar en AL.

Nosotros todavía no aprendemos a pensar con verdadera libertad. No es una falla intelectual sino moral: el valor de un espíritu decía Nietzsche, se mide por su capacidad para soportar la verdad. Los norteamericanos por primera vez en la historia intentan ahora ver a la verdad sin cerrar los ojos; se manifiesta una poderosa corriente de opinión que pone en tela de juicio los valores y creencias sobre la que se ha edificado la civilización angloamericana. La crítica del progreso es un portento, una promesa de otros cambios; ¿podrán los Estados Unidos dialogar con nosotros? Habría que decir algo parecido a los latinoamericanos: la crítica del otro comienza con la crítica de uno mismo.

Austin, Texas. 14 diciembre 1969.

PD:  Recorrer los caminos de nuestra idiosincrasia permitirá comprender el presente; revalorar costumbres y tradiciones de nuestras muy distintas regiones como parte de la convivencia social, rescatar el diálogo para creer en nosotros mismos.

Gracias…