EL NUEVO ÁLBUM DE BOB DYLAN, UNA OBRA MAESTRA.

ESPECTÁCULOS

“Rough and Rowdy Ways” es en esencia un disco en la línea divisoria entre su mundo y el próximo.

CIUDAD DE MÉXICO.-  Es un giro emotivo, reflexivo, meditativo, confuso, gracioso e impresionante para el ganador del Premio Nobel. Rico en referencias bíblicas y de la cultura pop, «Rough and Rowdy Ways» es en esencia un disco en la línea divisoria entre su mundo y el próximo, lo que sea que eso signifique.

«Me he parado entre el cielo y la tierra y he cruzado el Rubicón», canta Dylan en «Crossing the Rubicon», una de varias meditaciones sobre la mortalidad.

En la oscuramente chistosa «My own Version of you», Dylan canaliza al doctor Frankenstein para un cuento macabro en el que desea crear, literalmente, lo que el título sugiere: mi propia versión de ti. En la hermosa «Mother of Muses», el músico de 79 años reflexiona sobre la composición y la mortalidad, al cantar «madre de musas donde quiera que estés, ya he superado mi vida con creces».

¿Y quién es exactamente el narrador en «False Prophet» cuando Dylan canta «soy primero entre iguales, inigualable, último de los mejores, puedes enterrar al resto»? ¿Dios? ¿Satanás? ¿O quizás Dylan, quien está acostumbrado a ser proclamado un profeta? En la apocalíptica «Black Rider», una confrontación ominosamente premonitoria con la muerte, Dylan conversa quizás con la Parca sobre su alma afligida en peligro.

La épica de nueve minutos «Key West (Philosopher Pirate)» es imponente, y a ésta le sigue la monumental «Murder Most Foul» de 17 minutos, una reflexión sobre el asesinato de John F. Kennedy y mucho más, con la que cierra el álbum.

El que Dylan haya lanzado este disco, su 39no, en medio de una pandemia, cuando la vida y la muerte son parte de la conversación diaria, es clásico de Dylan.

Los fans del ídolo estadounidense a los que les gusta buscarle todo significado posible a cada una de sus palabras tendrán mucho para escarbar en «Rough and Rowdy Ways», su primera producción con nuevo material desde «Tempest» de 2012. Valió la pena esperar.