EL APOYO DEL PAPA A HOMOSEXUALES ES IMPORTANTE, PERO NO ES SUFICIENTE

COLUMNA HUÉSPED PRINCIPALES

Opinion by Enrique Torre Molina *

EEUU. Oct. 29, 2020 . (Tomado del Washington Post).-  El papa Francisco lo hizo otra vez: dijo algo sobre nosotros lo suficientemente positivo, lo suficientemente ambiguo, lo suficientemente provocador.

“Los homosexuales tienen derecho a estar en una familia. Son hijos de Dios y tienen derecho a una familia. Lo que tenemos que hacer es crear una ley de uniones civiles. Así están cubiertos legalmente. Yo apoyé eso”. Estas palabras, originalmente parte de una entrevista que dio a la reportera Valentina Alazraki en 2019, son parte del documental Francesco que el director ruso Evgeny Afineevsky estrenó el 21 de octubre en el Festival de Cine de Roma.

Su postura sobre las uniones civiles, como él explicó, no es una novedad: cuando fue arzobispo de Buenos Aires, apoyó la iniciativa de ley que buscaba reconocer las uniones civiles para gays y lesbianas en vez de la propuesta de reconocer el matrimonio igualitario. No funcionó. Argentina se convirtió en 2010 en el primer país de América Latina con matrimonio igualitario (una década después, existen 29 países en el mundo con este derecho). La tendencia de reconocer un derecho que es nuestro se mantiene firme y el papa, una década después, se mantiene pasos atrás al insistir en otra figura legal.

Pero lo valioso de su nueva declaración es lo que dice sobre la familia, el primer espacio donde las personas LGBT+ conocemos la discriminación, en ocasiones al grado de quedarnos sin hogar.

Para el obispo Raúl Arévalo, de la ciudad de Saltillo en el estado mexicano de Coahuila, esta declaración, como le explicó al diario El País, “abre una puerta al diálogo” ante el rechazo histórico de la iglesia. El sacerdote jesuita James Martin dice que es coherente con otras muestras de apoyo de este papa a católicos gays y lesbianas. ILGA Mundo, la red más grande de activistas y organizaciones LGBT+ a nivel global, celebró “el impacto positivo que estas palabras tendrán en muchas de nuestras comunidades”. Según un artículo de Openly, iniciativa de la Fundación Thomson Reuters, para algunos académicos y líderes LGBT+ de Estados Unidos y Polonia esto es una buena señal, pero son cautelosos sobre las expectativas que debería generar. En una religión que se apoya tanto en las interpretaciones, lo que cada quien decida entender a partir de la declaración del papa es igual de válido.

Por otro lado, algunas reacciones negativas han venido de la misma Iglesia: el obispo de la Diócesis Católica de Fort Worth, Texas, dice que los “católicos deben insistir en que la enseñanza de la Iglesia sobre el matrimonio no ha cambiado y no debe cambiar”. El exvocero de la Arquidiócesis de México, Hugo Valdemar, dice que “es una opinión que el papa no puede permitirse”. Es lamentable ver a líderes católicos apurándose a recordarnos que nos siguen odiando.

Las palabras del papa, si bien significan un cambio de tono, se encuentran en un mensaje tímido, pero se traduce en un argumento menos para sacerdotes, obispos, legisladores, maestros y familiares de personas LGBT+ que utilizan la religión para justificar su homofobia. Son una herramienta más para las personas que no quieren abandonar sus creencias y, al mismo tiempo, reconocen su sexualidad; para quienes necesitan que alguien más les diga que no deben renunciar a sus seres queridos por ser lesbianas, gays, bisexuales o trans. Lo comprendamos o no, nos guste o no, para millones de personas LGBT+ las palabras del papa son más poderosas que las de otras figuras públicas como celebridades, deportistas o presidentes.

El paso es pequeño si lo comparamos con los avances de la comunidad LGBT+ en los últimos 50 años. Pero si algo entiende nuestro movimiento es que hay que valorar y acoger las muestras de apoyo en su contexto. En este caso, el contexto es una institución que se mueve lento y que va permanentemente tarde con los cambios sociales. La Iglesia ha perdido a demasiadas personas que decidimos alejarnos de ella porque nos exige compartimentar, diciendo que somos dignos en tanto omitamos un lado de nuestras vidas, como si la orientación sexual fuera un accesorio. Mis expectativas sobre el papa y la Iglesia Católica, como la de muchos en la comunidad LGBT+, siguen siendo mínimas, pero cualquier mensaje que sugiera más aceptación y menos discriminación es una muy buena noticia.

El rechazo de la diversidad sexual por parte de iglesias y religiones ha motivado la creación de grupos como Efetá (católicos homosexuales), Afirmación (mormones LGBT+), Guimel (organización que promueve la aceptación de personas LGBT+ en la comunidad judía de México, sin ser un grupo religioso) y la mezquita Ibn Rushd-Goethe (que acoge a musulmanes LGBT+). Estos esfuerzos tienen poca legitimidad para los religiosos más estrictos y tal vez resultan poco comprensibles para personas ateas o agnósticas, pero eso no los hace menos reales. Y así como celebramos que las personas LGBT+ transformemos escuelas, lugares de trabajo, leyes estatales o medios de comunicación que cuentan nuestras historias, es admirable que haya comunidades organizadas a favor de conciliar fe y diversidad sexual.

Lo que sigue es no conformarse con esta declaración: el papa puede y debe decir más. Hacer más. Que diga sin ambigüedades que los hombres y las mujeres que amamos a personas del mismo género no somos pecadores. Que hable sobre los gobiernos de los países que criminalizan la homosexualidad. Que invite a colegios de todo el mundo a atender el acoso escolar por homofobia.

A las personas LGBT+ y aliadas de nuestra comunidad nos toca seguir abriendo el diálogo. A quienes están dentro de la Iglesia les toca replicar las palabras del papa y presionarlo para ser más contundente y menos tibio. No nos sobran mensajes de apoyo, pero este tendría que marcar un cambio de discurso más que un punto de llegada. Lo que sigue es imaginar que, como lo han hecho otras instituciones, también la Iglesia puede cambiar.

  • Enrique Torre Molina es activista y consultor internacional de temas LGBT+ para asociaciones civiles, empresas, medios de comunicación y gobiernos. Cofundó la organización Colmena 41 y es miembro de la Asamblea Consultiva del COPRED en México.