LA MONTAÑA: PENDIENTES DEL CASO DAYANA.

Por Oscar Loza Ochoa.

Todo estaba claro sin palabras.

Nadezhda Krúpskaya.

Que la impunidad no sea la primera referencia del caso Dayana. Lo más doloroso y frustrante sería que al paso de los años solo nos quedaran estas tristes palabras de María Teresa González, viuda del reportero Gregorio Rodríguez: ─No nos satisfacen las investigaciones, no fueron suficientes, menos para llenar el vacío que nos dejó el asesinato.

El próximo miércoles 6 de diciembre se cumplen seis meses de ausencia de Dayana, la niña de San Pedro. Medio año en el que nos sobran cosas que reclamarle a la autoridad, entre ellas, ¿por qué siendo un estado que carga a cuestas el fenómeno de la desaparición forzada de personas desde hace cuatro décadas, no contamos aún con perros especializados en búsquedas en vida? No cabe duda de que si el martes 6 de junio se hubiera contado con esos animalitos, la historia que hoy relatamos sería otra. Pero siempre se ha priorizado la compra de perros entrenados en la detección de drogas, las personas entran a un segundo término de acuerdo a ese criterio.

Otra cosa a reclamar a la distancia de seis meses, es la inacción de la Fiscalía y sus investigadores en las primeras horas, después de que se llevaron a Dayana. No es posible que un lugar tan vigilado por las autoridades y por los poderes de facto, pueda haber sucedido una privación de libertad a una menor de cinco años, sin que haya quedado registrada por unos o por otros. Si repasamos el trabajo de investigación del caso, la conclusión es que fue muy pobre. Podrán decirnos que se localizó un cráneo y que las pruebas de laboratorio indican que pertenece a la niña. Pero la localización del cráneo no fue resultado del trabajo de la Fiscalía, se llegó a él por una información anónima. En los otros restos, reconocemos la aplicación de un grupo de investigadores.

Pero hay grandes fracasos en este asunto. En primer lugar no recuperamos a Dayana con vida y en los restos que esperan en la Dirección de periciales, aún hay dudas de parte de la familia y se espera un dictamen que se solicitó a Nuevo León. Pero hay otra parte que no nos dejará descansar si no se llega a ella: el esclarecimiento del crimen, la captura de los responsables y su comparecencia ante un juez. El estado de la carpeta de investigación no da para mucho en este terreno.

Mientras, la solidaridad reclama su lugar ante una familia que consume el dolor y la desesperanza. Aunque no se haya nombrado aún la Comisión de atención a víctimas, la Dirección de derechos humanos del Gobierno debe estar pendiente de las necesidades elementales en esa casa. Es una familia de jornaleros agrícolas, que cada vez que se presentan ante la autoridad deben dejar a un lado su trabajo. Es una jornada donde no tienen ingresos. Viven en una casa prestada y en venta. Esperamos que no sea adquirida pronto, porque se quedarían en la calle.

Y a la par de esta pena, hay dos grandes problemas que no podemos dejar pasar sin que la historia nos lo reclame muy pronto. Uno es el caso del reportero Gregorio Rodríguez, quien este martes 28 cumplió 13 años sin que la justicia derrotara a la impunidad. Queda para el anecdotario jurídico la existencia de dos líneas de investigación, algunos detenidos en razón de ambas orientaciones de la indagatoria y para la indignación social, saber que el día de hoy no hay nadie en la cárcel pagando por ese crimen.

Sabemos que este miércoles 29, familiares con desaparecidos estuvieron en la cárcel de Mazatlán. Ellas buscan a sus desaparecidos. ¿En las penitenciarías? Sí, en las cárceles. No es la primera vez que van a alguna de ellas. Y existe el antecedente de que en instituciones penitenciarias de otras entidades se han localizado a desaparecidos, que en los registros aparecían con otros nombres. El incansable trabajo de estas señoras merece el respeto y cariño de toda la sociedad. Su trabajo no sólo está dando frutos, sus búsquedas han arrojado resultados positivos en muchas ocasiones y realizan un trabajo que la autoridad debió llevar a cabo desde hace tiempo. No debemos dejarlas solas en el reclamo que están haciendo después del decreto de la Ley sobre desaparición forzada de personas. Debe constituirse la Comisión de búsquedas, en las que ellas tienen un papel importante que jugar. Debe actualizarse la Ley local sobre el tema y nombrarse la Comisión de atención a víctimas.

Todo estaba claro sin palabras, dijo la Krúpskaya; pero el reto es que ahora que la palabra toma cuerpo no sólo debe suplir al silencio –aunque todo esté claro-, tiene que darle nombre a las cosas, a los hechos y a los responsables. El Estado de derecho democrático, como definimos nuestro Ser nacional, no puede alimentarse de injusticias y de atentados contra la libertad de expresión, por eso en los casos de Dayana, en el de todos los desaparecidos y en el de los periodistas, en especial el de Gregorio, la palabra debe ocupar su espacio para dimensionar las cosas y los casos, y darle el nombre que a cada quien le corresponde. Vale.

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