LA MONTAÑA: LAS HERENCIAS DEL DINOSAURIO.

Por Oscar Loza Ochoa.

No hay civilización sin migración.

Hay ocasiones en las que uno tiene que huir para salvarse.

Orhan Pamuk.

Culiacán, Sin. 28 nov. 2018.-  Lo dijo Coneval, en 2016 sólo había 27.8 millones de mexicanos a quienes la pobreza les hacía los mandados. El resto, poco más de 100 millones, por alguna u otra razón de las  consideradas por ese Consejo Nacional de Evaluación, hay que enlistarnos entre los condenados de la tierra de Frantz Fanon, para evadir el apellido de Los hijos de Sánchez, que nos diera Oscar Lewis, por las complicaciones sociológicas que este concepto encierra. Coneval fue más allá del gringo Lewis y nos dio tres apellidos: pobres, vulnerables por carencias sociales y por ingresos.

Un país de desiguales encontrará el nuevo gobierno y su gran reto será achicar la brecha entre los satisfechos y los que no han podido espantar hambres, carencias y necesidades. El discurso más contundente en favor de ello fue el del 1º de julio, tan breve que cabe en una “X” y tan abrumador que lo expresaron 30 millones de connacionales. Esa manifestación tiene el carácter de mandato y así debe ser atendido a partir de diciembre.

Muchas de las herencias pueden ser calificadas como deudas, no sólo las de carácter económico. Y hablando de estas, la deuda externa ronda el 40 por ciento del PIB y en dólares significaban 453 mil 548 millones al cierre de marzo pasado. El pago de los intereses seguramente rebasará los 22 mil millones de dólares este año y será un incómodo sobornal para los años venideros. Deudas los son también esos terribles salarios que  perpetúan la miseria y exclusión social.

¿Cómo llamarle a la alta cuota de homicidios  del sexenio de EPN que hasta noviembre 23 ya sumaban 146 mil 194? ¿Qué nombre imponerle al millón y medio de desplazados por la violencia en el país? ¿De qué manera identificamos los más de 39 mil 500 desaparecidos en México? Son las herencias, las deudas que deberán encontrar caminos de solución que fueron vedados en los tiempos del Dinosaurio.

Los feminicidios y todo tipo de violencia contra la mujer, son los peores visages (como dice mi madre) que nos hereda el Dinosaurio. Fue la subcultura que tomó cuerpo y se fortaleció bajo el eterno régimen del autoritarismo. Más de 80 años así la cuadraron. El colmo, en plenas jornadas por la eliminación de todas formas de violencia contra la mujer, desaparece la joven Tannia Roselin Caldera Ruiz en Culiacán. Activamos ya al lado de la familia.

El neoliberalismo nos deja otras herencias y deudas. Despojó a los campesinos “hijos predilectos del régimen”, como los llamara Arturo Warman y los lanzó a una migración masiva hacia Estados Unidos, porque no era suficiente el despojo y el saqueo. Los campesinos sin tierra ya no eran nadie en el campo y en la ciudad, sin espacios y sin empleos, salían sobrando. La migración fue el canal de salida, hasta que la crisis de fines de la década anterior en EU le puso límites a un sueño que se volvió la peor pesadilla.

¿Y qué decir del dolor que en el campo del activismo en derechos humanos y en el de los periodistas ha dejado? En el régimen que termina de EPN fueron asesinados 58 periodistas, impunes de alguna manera todos esos homicidios. Ello pinta la ausencia de respeto a la verdadera libertad de expresión y nulo compromiso de fortalecer la democracia a partir del libre ejercicio de la expresión escrita, hablada y en imagen. En los cinco primeros años del sexenio perdieron la vida en forma violenta 106 defensores de derechos humanos. Por eso hemos dicho que hay una crisis humanitaria. Y que la memoria ciudadana debe exigir el desagravio a cada uno de esos crímenes, si no no habrá ni justicia ni cicatrización de las profundas heridas sociales. Ni perdón ni olvido en pocas y precisas palabras.

No por menores mencionamos al  final las deudas en educación, vivienda y salud, pues nos son tan caras como las que corresponden a la seguridad. Queríamos hacer un retrato con grandes pinceladas de esas herencias que nos deja el Dinosaurio y que buscarles solución no sólo será el deber del gobierno de la Cuarta Transformación de López Obrador. Esas herencias nos involucran a todos los interesados en que este país sea otro. Está claro que la utopía es el anhelo que implica la erradicación de las desigualdades. También sabemos que nos es una tarea de meses; pero de que exige comenzar ya en nuestro empeño transformador, eso ni discusión tiene. Si el nuevo gobierno hace frente a estos problema, allí debemos estar. Y si vacilara en hacerlo, con mayor razón estamos convocados a no dejar ir esta oportunidad histórica. Vale.

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