LA MONTAÑA: DAYANA FIERRO ZAZUETA.

Por Oscar Loza Ochoa.

Qué delito cometí

Contra vosotros naciendo.

Pedro Calderón de la Barca

Comparto con ustedes mis palabras con motivo del I aniversario luctuoso de Dayana.

365 días después de aquél triste y doloroso 6 de junio de 2017, la memoria de Dayana nos reúne aquí. No podíamos dejar de hacerlo. Ni doña Fidelia, su abuela, ni Daniela su madre podían faltar a la cita. Tampoco la Comisión de Defensa de los Derechos Humanos, ni los organismos Voces Unidas por la Vida y Sabuesos Guerreras. Y como el dolor nos alcanza a todos, la familia de Miriam Katerim Aguilar López, también está aquí. Miriam desapareció el 27 de marzo pasado y fue encontrada muerta el siguiente 10 de abril. La familia de Jovana Sarahí Mendoza Osuna ha hecho un gran esfuerzo para estar en esta cita; Jovana desapareció el 3 de octubre de 2017 y apareció muerta el día 12 del mismo mes.

Hablar de Dayana es tocar una herida fresca y profunda en el corazón de todos. Mencionar su nombre obliga a tocar los detalles de su caso, pero ir al fondo en el tema de la desaparición forzada de personas. Y al ver los rostros de las madres con hijos desaparecidos junto a nosotros, tenemos que volver la vista a las estadísticas de la Fiscalía General del Estado para registrar que cada día se incrementa el número de víctimas de este delito de lesa humanidad. Hasta el día de ayer se habían registrado 2093 casos de personas desaparecidas. No son todas, desde luego, son sólo las que se han registrado. Y como el número de mujeres también toma una peligrosa carrera, allí aparecen 181 casos, el 8.6 por ciento del total. Tampoco son todos los casos existentes. Esa es nuestra dura realidad, pero nos negamos a que sea nuestro destino el contar muertos, desaparecidos y desplazados.

Recordar a Dayana es también un ejercicio que obliga a tocar el tema de los feminicidios, pues ella fue víctima de la desaparición forzada y de feminicidio. Dayana es el vértice donde confluyen esos dos gravísimos delitos. Y al considerar el tema tenemos que mencionar que la curva de este delito fue de peligroso ascenso en los últimos años, pues si en 2015 se registraron 14 feminicidios, en 2016 el número llegó a las 47, mientras en 2017, el primer año de gobierno de Quirino Ordaz, alcanzó los 85. Es cierto que hasta abril la cifra de 14 feminicidios ha inclinado a pensar en que se va ganando terreno en este renglón de los delitos de alto impacto. Pero seamos prudentes y muy celosos de las posiciones ganadas. No olvidemos que en marzo del año anterior, se emitió la Alerta de Género, pero no se fue más allá. La declaración no generó las medidas que debieron llevar a parar radicalmente los feminicidios. Aún no existe una estrategia para ello y el riesgo de que se detonen de nuevo los feminicidios está siempre presente.

El problema central alrededor del caso Dayana y de los casos de Jovana y Miriam es la impunidad. Y es el problema que sufren y denuncian los movimientos que atienden el problema de las desapariciones forzadas. Los casos de mujeres y de hombres guardan una dolorosa similitud, por más datos que aporten los familiares a las carpetas de investigación y por más esfuerzos que hagan en las búsquedas, la impunidad se levanta frente a todos y hasta la misma autoridad parece detenerse ante ella. No avanza un milímetro en la inmensa mayoría de los casos. Es tiempo de preguntarse y de preguntarle a la autoridad, ¿por qué la impunidad resulta más poderosa que las instituciones? Nosotros no aceptamos ese binomio con las desproporciones en que hoy se manifiesta.

Elementos para demostrar lo dicho nos sobran. En el caso de Dayana, fue privada de la libertad en su propio barrio, frente a testigos, en un pueblo super vigilado por la autoridad y  bandas del crimen, y nunca se pudo ubicar al o a los responsables del crimen. No antes de que se tuviera que pasar el dolor de ver los restos mortales de la entrañable Dayana.

¿Qué podemos decir en los casos de Miriam y Jovana? ¿Y qué mencionar en los 181 casos de mujeres desaparecidas que ahora reclaman nuestra atención desde las estadísticas de la Fiscalía General del Estado? Nada diferente. En unos y en los otros casos, pareciera que sociedad civil y autoridad esperáramos algún milagro para que, al menos algunos se resolvieran. Y que el tal Miguel Eduardo, presunto responsable de los feminicidios de Dayana y Jovana, se tropiece un día de estos con las policías que dicen perseguirlo. O que en el caso de Miriam y muchos otros, las personas que han despertado sospechas frente a los crímenes de desaparición forzada, en un insólito acto de contrición se entreguen a la autoridad y confiesen su responsabilidad criminal. Lo deseamos en el alma, pues la nublada y miope vista de la autoridad no alcanza a distinguir a los presuntos responsables. Con frecuencia nos preguntamos, ¿les faltan lentes o compromiso social para cumplir su tarea?

Con el alma estrujada, pero ciertos de nuestro derecho humano a la justicia y a conocer la verdad en todos los casos de feminicidio, hoy reivindicamos ante la Fiscalía General del Estado y el Gobernador Quirino Ordaz Coppel:

Primero.-Que se elabore y haga público un programa para abatir el problema del feminicidio y de protección a las mujeres.

Segundo.-Se fortalezcan las fiscalías especializadas en violencia contra la mujer.

Tercero.-Se adquiera un binomio canino especializado en el rastreo de personas con vida.

Cuarto.-Se compre un Objeto Volador no Tripulado o Dron, para la búsqueda de personas en zonas o terrenos de difícil acceso.

Quinto.-Se constituya a la brevedad el Consejo estatal de búsquedas.

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