LA MONTAÑA: AÍDA RODRÍGUEZ, ¿BASTARÁ PEDIR PERDÓN?

Por Oscar Loza Ochoa

Caminamos enmedio de la noche

con los ojos aturdidos de sueño

y la idea ida.

José Emilio pacheco

Culiacán, Sin. 7 nov. 2018.-  El impacto es demoledor maestra Aída, tanto como el dolor sentido por el caso de la niña Dayana. Los medios dicen que tu caso es el número 36 de este año. Me niego a pensar en números cuando se habla de feminicidios, son un referente sobre el problema, no lo dudo, pero ¿manifiestan la verdadera magnitud del fenómeno o nos vuelve más miopes al ver cifras y no sus nombres y rostros? Creo que las cantidades llevan a comparar lapsos de tiempos, espacios geográficos y administraciones públicas, pero cada caso debe obligar a la autoridad y a la sociedad a revisar lo hecho y lo comprometido. Porque estamos fallando y mucho.

Otra vez estamos consternados frente a un nuevo caso, que no por frecuentes evitan expresiones de coraje e impotencia. Es cierto que todo esto nos ha golpeado moralmente y quizá hasta hemos bajado un poco la guardia, pero después de todo nos queda una certeza: no hemos perdido la capacidad de asombro como sociedad. La capacidad de encabronarnos ha permanecido, por más que esa facultad se agazape en tiempos en que las aguas de la violencia parecieran amansarse.

Aída, te fuiste a trabajar como lo hacías en sus días laborables. Salías temprano para llegar a tiempo a tus clases en el Cobaes del Tamarindo. El día primero del mes no pudiste llegar a tu trabajo, alguien lo impidió parando tu unidad móvil y privándote de la libertad. ¿Nadie se dio cuenta de ello? No lo creo. Inexplicablemente callamos en la mayoría de los casos. Y en este no es la excepción, alguien calló ese día y en la víspera también.

Algunas voces han dicho ahora que en los cuatro días anteriores se te notó muy tensa y que no faltó alguna comunicación con familiares donde tú expresaste preocupaciones. ¿Cuáles fueron? Ahora no lo sabemos. Pero un compañero tuyo de trabajo ha comentado al periodista José Alfredo Beltrán que desde el mes de agosto pasado se presentaron algunos hechos preocupantes, que se hicieron del conocimiento de la dirección de Cobaes y del secretario de conflictos del SNTE sección 53. No pasó nada, a pesar de la emergencia planteada y de las posibilidades reales de traerte al Cobaes 24 en esta ciudad.

¿Qué valoración hicieron del caso en la dirección general de Cobaes? Lo ignoramos. Y, lo peor, que su dirigente sindical te haya dicho “sólo Dios te puede ayudar”, habla de que ni la Institución educativa ni el sindicato tienen la sensibilidad mínima hacia los problemas de sus trabajadores. No tienen sangre en el ojo, como dice mi madre. Y esa grave deficiencia ya costó una vida, si es que ese tipo de torpezas no han provocado la pérdida de otras.

Pero tu tragedia tiene la virtud de mover a tus amigos, compañeros de trabajo, a tus queridos alumnos, a los medios y a una parte sensible de la sociedad que no acepta quedarse cruzada de brazos. Eso es bueno, porque tu caso no será el último, desafortunadamente. Y tu caso será emblemático y hará más sensible la piel social. Fortalecerás las voces que reclaman justicia y nos ayudará a exigir que se evalúe la alerta de género que decretó el gobernador Quirino Ordaz en marzo de 2017. Tu caso nos dará más elementos para señalar que hay un rotundo fracaso de las medidas que se han tomado en torno a la violencia de género.

El próximo día 25 de noviembre se cumplen 58 años del asesinato de las hermanas Mirabal, “Las Mariposas” y dará comienzo a una larga jornada hasta el 10 de diciembre por la no violencia contra la mujer. Nos acordaremos de las mártires de la Dominicana y estarás presente tú maestra Aída en cada grito y en cada reclamo de justicia que se exprese. Esperamos que ese día el gobierno tenga algo que decir sobre tu caso y el de decenas de feminicidios que esperan desde hace tiempo la justicia y la reivindicación del buen nombre, como parte de la reparación del daño a las víctimas.

Como sociedad tenemos una tarea que no podemos eludir: atender un protocolo mínimo ante todo acto de violencia. Que no quede un solo hecho violento sin que se documente de alguna manera. Hay mil formas de hacerlo, con videos, con audios, verlos y registrarlos luego con todos los datos disponibles en papel o en los aparatos electrónicos. Muchos los difunden por redes, otros los hacen llegar  a los organismos de derechos humanos o a la autoridad. Lo importante es documentar y difundir o hacerlo llegar a las autoridades correspondientes y a los medios de comunicación. No hacerlo es alimentar la opacidad de los hechos, encubrir a los violentos y darle espacios a la impunidad. No basta que la autoridad pida perdón Aída. Todos tenemos familia, amigos, compañeros de estudio o trabajo. Vale la pena cuidarlos. Vale la pena cuidarnos. Aída somos todos. Vale.

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