LA MONTAÑA: 10 DE MAYO EN LUCHA.

Por Oscar Loza Ochoa.

¿Qué pueden festejar las madres

en este México de horror y de tormento?

Reunirse e inventar un mundo más humano.

Rosalío Morales Vargas

Culiacán, Sin. 10 mayo 2018.-  Tres sentidas marchas y un plantón dieron rostro a las madres con hijos desaparecidos en Sinaloa. Hubo una buena convocatoria, pues a la presencia propia se sumaron familiares, vecinos y miembros de organizaciones civiles. En el caso de Culiacán el conocido padre “Jimmy” marchó solidario en la manifestación. Coreaba las consignas como todos los marchistas, mientras sostenía amorosamente en sus manos un Cristo sin la cruz, cuyo rostro parecía cargar con todas las penas de los familiares con desaparecidos.

Mazatlán vio marchas por sus calles a un nutrido grupo de familiares con desaparecidos, cuyas consignas cuestionaba el paradero de sus seres queridos, decían: ¿dónde están, dónde están? Nuestros hijos, ¿dónde están? El  norte de Sinaloa vio desfilar a las rastreadoras exigiendo que las autoridades cumplan con su obligación de procurar justicia y detener la nefasta práctica de la desaparición forzada de personas.

La prensa dio fe de las manifestaciones y del plantón y no pocos ciudadanos estuvieron atentos al curso de todos los actos públicos con los que las madres con hijos desaparecidos conmemoraron su día. “Nada que festejar”, decían, en referencia a como tomamos tradicionalmente esta fecha. Así de profundo debe de ser ese dolor que las consume desde que de sus hijos no pudieron regresar a sus casas y permanecen en calidad de desaparecidos.

Al iniciar la marcha una de las madres llegó desecha en llanto hasta el kiosko donde estaba el plantón. Le faltaron las fuerzas y no se incorporó a la manifestación. La quebró su pena. Pudo más el recuerdo de la ausencia dolorosa de su hijo y las piernas se negaron a marchar, quizá creyó que junto al kiosko, donde se ha manifestado tantas veces, se quedaba el alma y la esencia de su ser ausente. Cuatro madres, como los puntos cardinales, la abrazaron y buscaron el urgente consuelo. Y lo consiguieron en medio de un mar colectivo de lágrimas.

Ante la contundencia y legitimidad del reclamo ante las autoridades, periodistas y otras personas interesadas preguntan cuál es la cifra de los desaparecidos. Y tenemos que decir que hay muchas respuestas, pues la página de la Fiscalía General de Sinaloa tiene una cercana a los 3 mil y el Inegi considera un número mayor, mientras que hay otras fuentes no oficiales que hablan de alrededor de los 6 mil. Pero la magnitud del problema queda muy clara aún considerando la cifra menor.

Mientras marchaba por la calle Ángel Flores observé a los jóvenes que llevaban unas

palas que se utilizan en las búsquedas; me llamó la atención las leyendas que pegaron a esas herramientas: “Yosimar, tu madre llora. Este día no festejo. Lucho por encontrar a mi hijo.” Otra cartulina pegada al instrumento de excavación hacía conmoverse al más pintado. “Mamá: este es tu regalo: una pala. Para que busques lo más valioso que perdí. A mi padre.” Todo eso en un marco de reclamos fuertes, de pancartas con la pregunta ¿dónde están? y un mar de lonas con los rostros de los desaparecidos.

Un cosa me llena de pena nomás, reconociendo lo hermoso de la jornada de este 10 de mayo: que no haya sido posible que las tres marchas y el plantón fueran la expresión unida del movimiento de madres con hijos desaparecidos. Se marchó ahora sin ese elemento que debe ser expresión de un dolor tan grande. Ojalá podamos remediarlo pronto.

Mientras, seguimos insistiendo que la autoridad debe adquirir perros rastreadores que nos ayuden en la búsqueda de personas con vida, que humanice la política atención a las víctimas del delito y que fortalezcan las fiscalías especializadas en desapariciones forzadas. Urge detener esa práctica que tanto daño ha hecho al país y a la humanidad. Y coincidiendo con nuestro amigo poeta y luchador social Rosalío Morales, decimos: Sí, algo pueden festejar,/ juntarse todas y atajar lo sombrío y lo siniestro,/ reunirse e inventar un mundo más humano,/ pulir la voluntad impregnada de recuerdos,/ reencontrar el amor como meta más sublime,/ el amor y la lucha habilitados por los sueños.

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