LA BODA DE MI MEJOR AMIGO

Columna Huésped: LA TEORIA DEL CAOS. Por Hugo Páez

CDMX. 1 oct. 2018.-  Los enemigos de los liderazgos morales son la incongruencia y la hipocresía.

La máscara cayó del rostro del Maharishi, gurú de la India creador de la Meditación Trascendental y elevado por los Beatles, Andy Kaufman y David Lynch, al Jet Set internacional, cuando trató de propasarse sexualmente con Mia Farrow.

El Papa Francisco lo viven en carne propia en estos momentos, llamó a orar diariamente el rosario durante todo este mes, por los ataques del diablo “que quiere dividir a la iglesia”, ante las innegables acusaciones del ex Nuncio en EEUU Carlo Maria Viganó, de proteger desde el 2013 al depredador sexual Cardenal Theodore McCarrick, Arzobispo de Washington.

Ese enemigo de los liderazgos morales aparece prematuramente frente a Andrés Manuel López Obrador como un seductor mareo del poder que está anulando su olfato político. Antes del 1 de julio, sería impensable apadrinar bodas como la de César Yáñez Centeno y Dulce MAría Silva, o perdonar y medio justificar a Rosario Robles Berlanga.

El liderazgo moral da para llegar, mantenerse es otra batalla permanente ¿sabía Andrés Manuel del alcance versallesco de la boda..? bajar la guardia en el preámbulo de la toma de posesión es letal para la credibilidad, de por sí prematuramente erosionada.

No hay forma de contener los reclamos, las burlas y las sospechas del despliegue de recursos en el festejo fastuoso y elitista de su gran amigo y principal colaborador en los últimos 12 años, ahora coordinador General de Política y Gobierno.

El evento en sí es intrascendente y ordinario, aún con el costo extraordinario en viandas, operación, y un grupos cotizados en más de 4 millones de pesos, Los Ángeles Azules, y Matute.

Pero se trata de quienes mantuvieron un montaje de austeridad con Tsurus como transporte, con vuelos comerciales clase turista, con el rechazo a la flota aérea del gobierno federal y al Estado Mayor Presidencial, además de imponer un tope salarial en los tres poderes como el kernel de la revolución cultural llamada Cuarta Transformación.

Vaya, no deberíamos estar hablando de una boda en un análisis político, pero los mandamientos de Andrés Manuel, aclarados en la campaña y confirmados en la etapa de transición, obligan a estudiarlo como una aberración, en un colaborador que declaró ganar en Morena 37 mil 215 pesos mensuales, y tener menos propiedades que el presidente electo.

Es extraño que en un modo de vida equilibrado alguien gaste algo así como 8 millones de pesos en una boda con un nivel de vida relativamente austero.

Por supuesto que cada quien hace con su dinero lo que le plazca, y  puede empeñar hasta al perico si así lo quiere, pero en el preámbulo de la toma del poder, con todo lo que eso implica, despierta demasiadas sospechas.

Espero que no salgan con que Los Ángeles Azules no le cobraron, o que los de Matute son sus super cuates, y las langostas eran surimi, y el vino Padre Kino, porque aún siendo una recolección de obsequios, regalos así de costosos comprometen y se prestan a todo tipo de conjeturas.

Insisto, Andrés Manuel debe estar alerta al sublime mareo de la seducción del poder, si es que sabía a lo que iba la tarde del sábado en Puebla.

Involuntariamente, la atmósfera artificial que gravita alrededor del poder es veneno puro para el presidente de la república. Un claro ejemplo se vio este domingo en la visita de López Obrador a Hidalgo, con el gobernador priista Omar Fayad Meneses.

En el clímax de la zalamería cursi le regaló un bat y un guante de béisbol, artesanales, además de confirmarle al presidente electo que ese deporte será prioritario en su estado.

Ver esa aberración en un estado taurino y futbolero debe resultar odioso para cualquier espectador. A esa seducción del poder amamantada por el trato cortesano, me refiero.

A esos que convencieron a César y a Dulce que una boda de portada de revistas del corazón es lo que merecían. Ahí están los efectos colaterales y los apologistas tratando de armar un guión discursivo que eche abajo la contradicción entre la exigencia de austeridad, y gasto fastuoso cargado de oropel, a partir de la premisa: “NO es dinero público”.

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