A LA INFAMIA DE LA CORRUPCIÓN Y EL CRIMEN, LE SIGUE UNA INFAMIA MAYOR: PERDONARLOS

Columna Huésped: LA TEORIA DEL CAOS. Por Hugo Páez

CDMX. 6 agosto 2018.-  Espero que los foros de pacificación lleguen a conclusiones más inteligentes, interesantes y complejas que las que todos conocemos. Espero que no sean palos de ciego que aumenten la espiral de violencia.

Que no sea una maniobra para delegar responsabilidades a las ONG´s, expertos, intelectuales, académicos, víctimas y ‘bienpensantes’ en el tema de seguridad y derechos humanos.

Ya sabemos en qué acaban estas cosas: se escucha a las víctimas de varias entidades del país, a representantes de municipios, estados, a ONG´s, etcétera, etcétera, y todo termina sin claridad ni estructura que procese la información y la materialice en una metodología adecuada.

Los foros esperan llegar a moldear una metodología, pero pueden terminar en una gran lista de buenos deseos donde los responsables de la seguridad pública tomarán lo que quieran, o simularán procesar lo más importante, y si no resulta, ¿ustedes que creen? será el yerro de los participantes.

Es clara la intención pacificadora de Andrés Manuel López Obrador, de Olga Sánchez Cordero y de Alfonso Durazo Montaño a través de métodos sociales, a través de detonar oportunidades con los megatones necesarios para que las comunidades más pobres, y los jóvenes sin oportunidades, no caigan en las garras del crimen organizado.

En lo inmediato el crimen avanzara, pero a un plazo intermedio le tomarán la medida al nuevo gobierno, y a largo plazo esperemos no escalar a nuevos récords de muertes dolosas e índices delictivos.

Durazo dice que los foros servirán para definir el método. Que en 180 días deberá detenerse la tendencia criminal, y en tres años se probará la eficacia del método, para en el 2024 entregar un país en paz.

Confío en que los foros vayan más allá que la repetida retórica sobre la necesidad de reconstruir el tejido social, de capacitar a las policías del país, de exigirle a Estados Unidos que detenga el tráfico de armas hacia México, de proponer salarios dignos para todos los involucrados en la lucha contra el crimen, de dar mejores oportunidades a las comunidades dominadas por el narco, de legalizar ciertas drogas como método para paliar el problema, de mantener al menos un tiempo al Ejército y a la Marina en las calles mientras se capacita a las policías, de meter al aro a gobernadores y alcaldes, de erradicar la corrupción, y bla, bla, bla.

El nuevo ingrediente es la amnistía.

El cómo diseñarla es la clave. Al parecer, López Obrador, Durazo y Sánchez Cordero hablaron de ella en la campaña sin una idea clara. No quiero imaginar que de pronto se le ocurrió al entonces candidato de Morena, en algún paraje lejano de Tierra Caliente en Guerrero, y después se vieron obligados a adecuar la polémica propuesta -que a la fecha lleva un sinnúmero de variantes y confunde cada vez más- ante la fuerte reacción de la sociedad, ofendida al imaginarse a criminales bendecidos por el perdón de la Cuarta Transformación.

Y espero que el Pacto de Impunidad no deje sin rendición de cuentas ante la justicia a los que manejaron los enormes presupuestos para seguridad. Es un secreto a voces la bonanza de amigos y familiares de Miguel Osorio Chong quien concentró los recursos de dos secretarías. Es sólo uno de muchos ejemplos en casi todas las secretarías.

A la infamia de la corrupción y el crimen le puede seguir una infamia mayor: el perdón a los corruptos y a criminales.

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